Como todo en la vida, colmada de opiniones, gustos y preferencias, hay ciertas situaciones de las que generalmente disfruto. Para algunos pueden ser incomodas Para otros interesantes. Me refiero a las sorpresas.Ciertamente, hay cierto tipo de sorpresas que no suele encajar dentro de las preferencias populares. Unas que ocurren fuera de nuestro hogar, cuando estamos en las calles de nuestra nación.
A más de uno, le ha pasado que al llegar a un establecimiento comercial, institución, lugar x, no ha encontrado parqueo y se dispone a estacionarse en algún frente de casa de familia, parqueo de establecimiento ya cerrado o esquina cualquiera. Es entonces cuando el momento deleitoso ocurre, un individuo de alguna parte desconocida sale fugazmente y se refiere a uno con el objetivo de que sepamos que supuestamente estará vigilando nuestro vehículo con responsabilidad y cortesía.
Justo es cuando entonces, mi opinión con respecto a las sorpresas cambia. No estoy seguro de si he de ser buen samaritano y al regresar, ofrecer al vigilante provisional la devuelta de mi visita a ese puesto de comida, el menudo de mi bolsillo, esas monedas que se posan en el portavasos. Lo cierto es que, no sé al lector, pero a mí me ha resultado de muy mal gusto ver que tal individuo obra de esta manera, sentado a varios metros de mi vehículo y posiblemente incapaz de velar por la seguridad de este, sea por no lucir lo bastante intimidante como para cuidarlo o porque, a la franca, está muy lejos y ni cuenta se daría de que violentan algún vehículo, viniendo a ser la posibilidad más patética que me ha de molestar.
Otra sorpresa, propia de la urbe y las calles, son los limpiadores de vidrios. Algunos de buen humor, otros, poco calmos, deseosos de alguna cantidad de dinero para suplir su necesidad, cualquiera que sea. Es familiar como de repente una esponja, un trozo de tela, un limpia vidrios de caucho se abalanza por obra de estos individuos en un cristal frontal de un auto cualquiera. Resulta incomodo cuando su insistencia por limpiar tu vidrio se hace notar, sin saber el conductor, si negarle el uso del servicio terminará en una grosería o un simpático gesto como voto de confianza. Por otro lado, es posible que el agua con la que limpian los cristales este bastante sucia, y se note al secar el cristal.
En toda esquina podemos encontrar gente que nos da una gran impresión, y otros cuya participación puede ser inapropiada. También encontramos madres con niños en brazos, pidiendo limosnas, vendedores de gafas, dulces, artículos varios, minusválidos, que si bien no resultan de asombro a nuestra ya acostumbrada sociedad, si lo es el hecho de tener que alguien recurrir a esos medios para obtener un sustento y como todo tipo de persona, sin importar su edad, raza, género, razones nos da para llevarnos una gran sorpresa.


